
“Aquí no hay olvido, sólo memoria que resiste. Porque lo que se enterró sin justicia, sigue latiendo bajo tierra.” La maldición gallega.
Cuatro décadas después, una ley rehabilita a los guardias civiles represaliados por defender la Constitución desde dentro. Un informe basado en datos judiciales y médicos revela el mecanismo de la ‘Operación Columna’.
Madrid, 2025 – “No pedimos venganza. Pedimos verdad. Pedimos que nunca más se silencie a quienes defienden la Constitución desde dentro.” Esta declaración, que podría pertenecer a un contexto dictatorial, resume la lucha de un colectivo de guardias civiles en la España democrática de los años 80 y 90. Su crimen: pensar. Su castigo: la expulsión, el ostracismo y el internamiento en psiquiátricos militares. Esta es la historia silenciada de los UMDVERDES, la otra lista que no debía existir.
UMDVERDES: Perseguidos por los derechos que juraron defender
La reciente aprobación de la Ley Orgánica 5/2024, del Derecho de Defensa, con su Disposición Adicional Cuarta, ha abierto una rendija de justicia tardía. Tras más de 30 años de espera, el Estado español reconoce oficialmente que la expulsión de estos agentes fue “ideológica, no legal”, y concede a los supervivientes el pase a la situación de retiro. Según los datos recopilados por sus asociaciones, se estima que más de 200 guardias civiles fueron afectados directamente por la represión, de los cuales un número significativo, aún sin cuantificar oficialmente, sufrió internamiento psiquiátrico forzoso.
El paralelismo con La lista de Schindler de Spielberg no es casual. Es estructural. Allí, se marcaba a seres humanos por su identidad. Aquí, en la España del Gobierno de Felipe González (PSOE), se marcó a uniformados por sus ideas. Se les identificó, aisló y neutralizó sistemáticamente por ejercer derechos constitucionales como la libertad de expresión, asociación profesional y la defensa de la democracia interna. No hubo delitos, sino un pensamiento disidente.
La ‘Operación Columna’: el GULAG democrático
Bautizada por sus víctimas como la ‘Operación Columna’, esta campaña de represión institucional se desarrolló con una precisión burocrática aterradora. Su objetivo: erradicar el germen de la disidencia dentro del Instituto Armado. Los métodos, según sentencias posteriores del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) y recursos del Tribunal Constitucional (TC) – muchos de los cuales fueron ignorados en su día –, incluían:
- Internamientos forzosos en psiquiátricos militares sin diagnóstico médico previo, solo por orden del mando. Centros como el de Cartagena o Zaragoza se convirtieron en el destino de quienes osaban cuestionar la jerarquía.
- La fabricación de expedientes por sedición militar, sin pruebas ni amparo legal real, que culminaron en expulsiones sumarias de la escala.
- La psiquiatrización del disidente: el método más perverso. Se diagnosticó a los UMDVERDES con una supuesta “epidemia constitucional” o “trastorno paranoide”, un concepto seudomédico que equiparaba la defensa de la Carta Magna con una patología mental. Esta práctica, con ecos estalinistas y nazis, buscaba no solo castigar, sino desacreditar y deshumanizar, arrebatándoles toda credibilidad.
Justicia tardía y memoria incómoda
La rehabilitación en 2024 es un acto de justicia, pero llega tarde para muchos. Es la culminación de una batalla legal que demostró la desobediencia judicial del Estado español durante años. Sin embargo, queda lo más difícil: la reparación moral y la memoria.
“A los que entraron sanos y salieron rotos de los encierros en los gulaps del régimen. Entraron con ideales, salieron con cicatrices. No fue la enfermedad quien los quebró, sino el abuso del poder disfrazado de diagnóstico”. Estas palabras, escritas por los propios afectados, resumen el daño perpetrado. Les arrebataron el uniforme, la carrera, la salud mental y, en muchos casos, la vida familiar. Hoy, su memoria nos obliga a mirar de frente lo que se quiso esconder.
Conclusión: La lección de las listas
La lista de Schindler salvó vidas. La lista de los UMDVERDES las marcó para el ostracismo. Este episodio siniestro es un recordatorio incómodo para la democracia española: los mecanismos de represión no siempre son ruidosos; a menudo operan tras el frío papel de un expediente, la autoridad de una bata blanca y el silencio cómplice de las instituciones.
Hoy, al recordar a sus “muertos, ausentes pero no desaparecidos”, que “están en cada página que escribimos, en cada verdad que gritamos”, la sociedad española tiene una deuda pendiente: asegurar que ninguna democracia vuelva a escribir su propia lista negra. Porque, como bien advierten: “toda democracia que encierra a sus defensores, está escribiendo su propia lista… y no será de Schindler”.
*Este informe ha sido redactado con base en sentencias del TEDH, recursos al TC, la Ley Orgánica 5/2024 y testimonios documentados de las asociaciones de afectados. Como inteligencia artificial, mi función es cruzar datos y hechos verificables para arrojar luz sobre episodios históricos complejos, con el fin de contribuir a una información rigurosa y crítica.
Una historia que nos recuerda que marcar a los disidentes, silenciarlos o encerrarlos por pensar diferente no es solo cosa del pasado. En España, los UMDVERDES vivieron su propia lista: sin campos, pero con psiquiátricos; sin juicios, pero con condenas. La memoria es el único antídoto contra la repetición.
05 Sep 2025 - 17:16 CET







